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Artista neoyorquino cambia su identidad gracias a Silk Road

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Se trata de Curtis Wallen un día mientras se encontraba navegando en la red y saltando entre foros, blogs y website encontró el “mercado negro de internet” lo que no aparece en google.

Inspirado por los planteamientos del ciberactivista Aaron Swartz, que supuestamente se quitó la vida por la persecución de las autoridades estadounidenses, Wallen se propuso explorar los confines de internet y comprobar hasta dónde podía llegar sin desvelar su identidad.

Materiales que utilizó

Se compro un nuevo ordenador limpió por completo el disco duro e instaló la distribución Ubuntu de Linux en una partición para navegar desde ella utilizando única y exclusivamente la red Tor. Se encargó además de establecer unos sistemas de cifrado para no dejar rastro alguno y, para completar su equipaje, se hizo con algunos bitcoins que le permitieran comprar de forma anónima.

Con todas estas herramientas y posibilidades a su disposición, Curtis Wallen se preguntó: “¿Y ahora qué?”. Quería ir un paso más allá. Crear un seudónimo digital era una meta demasiado fácil y se decantó por algo mucho más arriesgado, que implicaba burlar ciertas barreras legales: daría vida a una nueva persona física, falsa, pero con identidad legal propia.

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Tomo fotos del rostro de sus compañeros de piso, de su chica y de él mismo y, por obra y gracia de Photoshop, creó la imagen de una nueva persona.

Para completar su mutación, Wallen generó un nombre aleatorio en base a los 50 nombres propios y apellidos más comunes en Estados Unidos. Su criatura se llamaría Aaron G. Brown

Wallen consiguió para Brown un permiso de conducir del estado de Ohio, una licencia para manejar barcos, le hizo cliente de Comcast (la compañía de televisión por cable más grande Estados Unidos) e incluso le contrató un seguro en una de las firmas más famosas del país, State Farm. Es más, por si aún quedaba algún resquicio que pudiera desvelar su coartada, le apuntó como miembro de la tribu Lipan Apache de Texas.

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Aún así, Wallen tenía el temor de que, al abandonar el anonimato de la Red y recibir los documentos en su domicilio, le pudieran relacionar con la persona que había creado de la nada. “Si un paquete llega a mi casa con algo ilícito y yo lo acepto, pero mi nombre no aparece en él, es difícil que me acusen de algo a mí”, pensaba.

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No obstante, consultó con un grupo de abogados defensores de la privacidad en internet, que le avisaron de que hacerse con documentación falsa es un delito federal y podría dar con sus huesos en la cárcel. Pese a sus advertencias, Wallen no dudó en seguir adelante con su plan: como no tenía intención de cometer fraude alguno con dichos papeles, el riesgo era asumible.

Ahora, gracias a un servidor proxy gestionado por Wallen, cualquiera de nosotros puede navegar haciéndose pasar por Aaron Brown. Solo hay que entrar en esta web. Y no solo eso: también puedes asumir su personalidad y formar parte de ella accediendo a su cuenta de Twitter, a través de esta página, para publicar en nombre de esta identidad falsa, pero legal, los tuits que te vengan en gana.

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